Este cuento ya lo hemos escuchado alguna vez, siendo niños. Se trata de un pastorcito que se divertía asustando a la gente con sus gritos acerca de la presencia cercana de un lobo que se comería a las ovejas.
En la versión actual, para jerarquizar el contenido de la anécdota, ya no se lo llama cuento, porque más allá de los notables exponentes del género en la literatura, en la versión argentina una de las acepciones de esta palabra es "embuste".
Como todo relato, empieza por un "había una vez". Pero en los cuentos infantiles los malos son siempre muy malos y los otros no son necesariamente buenos, sino imprudentes, y por eso les pasa lo que les pasa. Tal vez la excepción sea la Cenicienta, víctima de su madrastra y de sus hermanastras.
Por ahora este relato no tiene final. Historias similares han tenido finales trágicos, nada apropiados para niños impresionables.
Respecto al lobo del título, hace rato que sus dientes llaman la atención. La niña inocente que cree estar frente a su abuelita recibe esta respuesta: "Para redistribuir mejor la riqueza". Al lobo de esta historia lo termina matando un cazador, y aunque llama a sus amigos para su defensa éstos no toman demasiado en serio su advertencia.
Este relato toma partes de varias historias y no se parece a ninguna de ellas, o a todas al mismo tiempo. Todavía no se puede decir cómo va a terminar, aunque parezca que ya ha sido contado, y como los buenos relatos que se cuentan a los niños, tiene que dejar alguna enseñanza, para que no se repita como una pesadilla.
domingo, 15 de junio de 2008
sábado, 14 de junio de 2008
No voy en tren, voy en avión
Sigue diciendo la letra de marras: "No necesito a nadie/a nadie alrededor". Sin embargo muchos, a su modo, quisieron estar cerca de él, como Nito Mestre, su compañero de juventud, el que suavizaba con su voz la dureza de sus letras. También su hijo, que lo acompañó en ese viaje de vuelta -frase que no encubre segundas intenciones-.
La vida de un artista, se sabe, no es la del común de los mortales. Quien haya visto aquella película Amadeus tendrá presente que el talento para el arte no corre parejo con la habilidad para relacionarse con los mediocres de este mundo. Otro de los amigos de aquella época, León Gieco, trazó un paralelo similar cuando habló de los "Salieris de Charly".
Para muchos -entre quienes me incluyo- Charly García ha sido, con más de una canción inolvidable, un compañero de adolescencia y juventud. Sin embargo él quiso vencer su propio envejecimiento, retornando una y otra vez a aquella adolescencia de Sui Géneris -de hecho hasta hace unos días se hablaba de un nuevo reencuentro musical de Charly y Nito-. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos -incluida la señora Presidenta, que le cedió a Charly un lugar simbólico, el que pensó su marido para cuando necesitara atención médica-. Pero Charly insiste en querer ser el mismo que viene jugando con la locura desde hace años, aunque este escándalo amenace con ser el último posible. Tal vez aquella profecía de empezar a quedarse solo se cumpla de manera poco pensada, pero al menos espero que el final le llegue, esté donde esté, con una guitarra en la mano.
La vida de un artista, se sabe, no es la del común de los mortales. Quien haya visto aquella película Amadeus tendrá presente que el talento para el arte no corre parejo con la habilidad para relacionarse con los mediocres de este mundo. Otro de los amigos de aquella época, León Gieco, trazó un paralelo similar cuando habló de los "Salieris de Charly".
Para muchos -entre quienes me incluyo- Charly García ha sido, con más de una canción inolvidable, un compañero de adolescencia y juventud. Sin embargo él quiso vencer su propio envejecimiento, retornando una y otra vez a aquella adolescencia de Sui Géneris -de hecho hasta hace unos días se hablaba de un nuevo reencuentro musical de Charly y Nito-. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos -incluida la señora Presidenta, que le cedió a Charly un lugar simbólico, el que pensó su marido para cuando necesitara atención médica-. Pero Charly insiste en querer ser el mismo que viene jugando con la locura desde hace años, aunque este escándalo amenace con ser el último posible. Tal vez aquella profecía de empezar a quedarse solo se cumpla de manera poco pensada, pero al menos espero que el final le llegue, esté donde esté, con una guitarra en la mano.
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domingo, 8 de junio de 2008
Crónica de un niño solo
Como lo contaba en una especie de video autobiográfico, Bernardo Neustadt, un niño de 14 años, se fue del colegio donde estaba pupilo en La Plata y apareció en su casa paterna. Le dijo a su asombrado padre que quería ser periodista, y el horrorizado señor Neustadt vio partir a su hijo para siempre.
Primero fue el diario El Mundo, más tarde Clarín, sin olvidar su paso por la función pública en los años finales del primer peronismo, bajo el ala del almirante Teissaire, quien fue más tarde uno de los más célebres traidores a Perón. El joven Bernardo empezaba a practicar la gimnasia del arrepentimiento, que repetiría muchas otras veces.
Los años sesenta lo vieron convertido en un incipiente empresario periodístico, y su influencia sobre el poder fue creciendo, especialmente cuando los uniformes militares ocupaban espacios no pensados oportunamente para ellos. Pero también dio oportunidades a jóvenes prometedores, algunos en las antípodas de su pensamiento.
En los años de Isabel estrenó su Tiempo Nuevo, que casi sin intermitencias mantendría bajo la dictadura. Él daba los golpes de efecto y Mariano Grondona bajaba línea más sutilmente. Ambos hacían una pareja que parecía eterna.
La televisión democrática los mantuvo unidos, hasta que algún funcionario de segunda línea decidió que el tiempo de Neustadt y Grondona había terminado. Bernardo y Mariano siguieron un tiempo juntos, en un canal recientemente privatizado, y el menemismo los terminó separando.
Durante casi una década el éxito acompañó a Bernardo, que le mostraba a Doña Rosa que con Menem estábamos en el primer mundo, pero la misma televisión privatizada por la que tanto había bregado se lo deglutió, como a casi todos los programas políticos. Entonces descubrió, casi con el candor de sus catorce años, que la televisión era un negocio y no un servicio. Se refugió en la radio, pero al parecer no fue una buena experiencia, y poco a poco su presencia fue apagándose, en espacios de cable a los que ya no iban los grandes personajes.
Su mejor alumno, como suele suceder, lo superó, y como también suele suceder, el maestro renegó de él. Daniel Hadad se desembarazó bien pronto de los escrúpulos que le habían inculcado en la UCA y en Navarra, y terminó aprendiendo que los gobiernos pasan, pero los medios quedan, y cada vez fue instalándose mejor, sin devolver nunca aquellos 600 dólares que el cándido Bernardo había invertido en su formación.
Se fue sin hijos y sin discípulos reconocidos. Quizás haya podido reconciliarse con aquel padre tan severo, y ahora que inició el sueño eterno, deje de sobresaltarse como cuando solo dormía tres horas.
Primero fue el diario El Mundo, más tarde Clarín, sin olvidar su paso por la función pública en los años finales del primer peronismo, bajo el ala del almirante Teissaire, quien fue más tarde uno de los más célebres traidores a Perón. El joven Bernardo empezaba a practicar la gimnasia del arrepentimiento, que repetiría muchas otras veces.
Los años sesenta lo vieron convertido en un incipiente empresario periodístico, y su influencia sobre el poder fue creciendo, especialmente cuando los uniformes militares ocupaban espacios no pensados oportunamente para ellos. Pero también dio oportunidades a jóvenes prometedores, algunos en las antípodas de su pensamiento.
En los años de Isabel estrenó su Tiempo Nuevo, que casi sin intermitencias mantendría bajo la dictadura. Él daba los golpes de efecto y Mariano Grondona bajaba línea más sutilmente. Ambos hacían una pareja que parecía eterna.
La televisión democrática los mantuvo unidos, hasta que algún funcionario de segunda línea decidió que el tiempo de Neustadt y Grondona había terminado. Bernardo y Mariano siguieron un tiempo juntos, en un canal recientemente privatizado, y el menemismo los terminó separando.
Durante casi una década el éxito acompañó a Bernardo, que le mostraba a Doña Rosa que con Menem estábamos en el primer mundo, pero la misma televisión privatizada por la que tanto había bregado se lo deglutió, como a casi todos los programas políticos. Entonces descubrió, casi con el candor de sus catorce años, que la televisión era un negocio y no un servicio. Se refugió en la radio, pero al parecer no fue una buena experiencia, y poco a poco su presencia fue apagándose, en espacios de cable a los que ya no iban los grandes personajes.
Su mejor alumno, como suele suceder, lo superó, y como también suele suceder, el maestro renegó de él. Daniel Hadad se desembarazó bien pronto de los escrúpulos que le habían inculcado en la UCA y en Navarra, y terminó aprendiendo que los gobiernos pasan, pero los medios quedan, y cada vez fue instalándose mejor, sin devolver nunca aquellos 600 dólares que el cándido Bernardo había invertido en su formación.
Se fue sin hijos y sin discípulos reconocidos. Quizás haya podido reconciliarse con aquel padre tan severo, y ahora que inició el sueño eterno, deje de sobresaltarse como cuando solo dormía tres horas.
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domingo, 1 de junio de 2008
Harto ya de estar harto
Temo que mi opinión -ínfima, como casi todas- no aporte demasiado a la confusión general. El exceso de opiniones, que se multiplican por programas de radio y televisión, y foros de Internet, acerca de lo que para algunos es un lock-out patronal con ánimo golpista, y para otros es un nuevo Grito de Alcorta, nos lleva a que, como hizo De Angeli la semana pasada cuando en un programa lo querían hacer hablar con D´Elía, nos saquemos los auriculares y no escuchemos las opiniones que no coinciden con las nuestras.
Quizás lo mejor sería que cada uno, en lo secreto de su corazón, se encomendara a la divinidad de su preferencia y le pidiera un poco de sensatez para sí mismo y para quienes tienen algo que hacer para destrabar este conflicto del cual nadie se está beneficiando.
Quizás lo mejor sería que cada uno, en lo secreto de su corazón, se encomendara a la divinidad de su preferencia y le pidiera un poco de sensatez para sí mismo y para quienes tienen algo que hacer para destrabar este conflicto del cual nadie se está beneficiando.
domingo, 27 de abril de 2008
Los Fernández
Podría ser el título de una comedia pasatista. Por ahora es una comedia de enredos de la que participa una protagonista y tres actores de reparto con ese apellido. El último se sumó, como se sabe, tras reemplazar al dibujado ex "joven maravilla" Lousteau.
Pero la protagonista de esta historia, en realidad, comparte cartel con su marido, que no se ha resignado a quedarse en un segundo plano en esta segunda parte de la saga. Segundas partes no siempre son buenas, como se dice en el mundo del espectáculo.
De los cuatro Fernández hay uno que aparece como candidato a la próxima nominación, pues sus acciones han caído como consecuencia de que el ministro renunciante -o renunciado- había sido promovido, según se dice, en contra de los deseos del Jefe, que al parecer quiere su cargo y de esta manera volver a ocupar un papel más importante en el cartel. Alberto, el que siempre tenía respuestas para todo, esta vez está pagando los costos de una medida que tomó su protegido, convencido de que nada iba a suceder. Pero ya sabemos lo que sucedió.
Del lado de los villanos aparece De Angeli, otro Alfredo entrerriano, que no opuso resistencia a aparecer en los medios a pesar de su notoria seña particular, que se apresuró en rectificar, como si empezara un camino -más largo o más corto, ya se verá- hacia un futuro protagonismo en otra historia. Por ahora está velando las armas que dicen que tiene, y ya ha dado muestras de no tener más señas particulares que ese diente que le faltaba: por lo pronto, carece de pulgas y pelos en la lengua, condición que lo emparda con D'Elía (consumado actor de reparto).
Pero la protagonista de esta historia, en realidad, comparte cartel con su marido, que no se ha resignado a quedarse en un segundo plano en esta segunda parte de la saga. Segundas partes no siempre son buenas, como se dice en el mundo del espectáculo.
De los cuatro Fernández hay uno que aparece como candidato a la próxima nominación, pues sus acciones han caído como consecuencia de que el ministro renunciante -o renunciado- había sido promovido, según se dice, en contra de los deseos del Jefe, que al parecer quiere su cargo y de esta manera volver a ocupar un papel más importante en el cartel. Alberto, el que siempre tenía respuestas para todo, esta vez está pagando los costos de una medida que tomó su protegido, convencido de que nada iba a suceder. Pero ya sabemos lo que sucedió.
Del lado de los villanos aparece De Angeli, otro Alfredo entrerriano, que no opuso resistencia a aparecer en los medios a pesar de su notoria seña particular, que se apresuró en rectificar, como si empezara un camino -más largo o más corto, ya se verá- hacia un futuro protagonismo en otra historia. Por ahora está velando las armas que dicen que tiene, y ya ha dado muestras de no tener más señas particulares que ese diente que le faltaba: por lo pronto, carece de pulgas y pelos en la lengua, condición que lo emparda con D'Elía (consumado actor de reparto).
sábado, 19 de abril de 2008
Cortinas de humo
Hace más de una semana que el humo originado en campos de la zona del Delta invade la ciudad. Pero tan sólo esta tarde la Presidenta tomó cartas en el asunto, quizás preocupada por la falta de reacción de quienes debían combatirlo o estudiar sus causas.
El súbitamente convertido en enemigo grupo Clarín no inventó el humo. Tampoco participó de la confabulación el ingenioso guionista de Los Simpson, que pergeñó un curioso revisionismo histórico según el cual Perón fue el precursor de los represores en la Argentina. El joven ministro de Economía -seguramente uno de los fans de Homero y compañía- quedó tan dibujado como ellos y no pudo articular palabra frente a la demorada reunión de los levantiscos ruralistas con las autoridades competentes. Fue el taita Moreno el que derramó una taza de mate cocido cuando los representantes del campo lo acorralaron, y su investidura quedó un tanto manchada para hacer frente a quienes lo desafiaban a exhibir su coraje en terrenos distintos del poder que le da cobijo.
Pero la demorada respuesta de Cristina reveló que aún conserva la capacidad de sinapsis, ya que en nombre de la protección del medio ambiente -tan vapuleado en esta región del litoral, que lo de Botnia quedó en el olvido- encontró algo que buscaba afanosamente: el o los culpables, villanos de la denostada oligarquía argentina.
Para su fortuna, ya empezó el programa de Tinelli -con lo cual el canal del grupo Clarín podrá distraer exitosamente a los críticos de su gobierno-, y otras áreas del gobierno encontraron su razón de ser cuando el ácido -hoy bastante diluido, es cierto- Pergolini, en el afán de mofarse de su archirrival, cometió una falta a la corrección política cuando se refirió en términos irónicos a la participación de un bailarín no vidente. El INADI, tan dubitativo en el entrevero entre Peña y D´Elía, esta vez prometió actuar.
El súbitamente convertido en enemigo grupo Clarín no inventó el humo. Tampoco participó de la confabulación el ingenioso guionista de Los Simpson, que pergeñó un curioso revisionismo histórico según el cual Perón fue el precursor de los represores en la Argentina. El joven ministro de Economía -seguramente uno de los fans de Homero y compañía- quedó tan dibujado como ellos y no pudo articular palabra frente a la demorada reunión de los levantiscos ruralistas con las autoridades competentes. Fue el taita Moreno el que derramó una taza de mate cocido cuando los representantes del campo lo acorralaron, y su investidura quedó un tanto manchada para hacer frente a quienes lo desafiaban a exhibir su coraje en terrenos distintos del poder que le da cobijo.
Pero la demorada respuesta de Cristina reveló que aún conserva la capacidad de sinapsis, ya que en nombre de la protección del medio ambiente -tan vapuleado en esta región del litoral, que lo de Botnia quedó en el olvido- encontró algo que buscaba afanosamente: el o los culpables, villanos de la denostada oligarquía argentina.
Para su fortuna, ya empezó el programa de Tinelli -con lo cual el canal del grupo Clarín podrá distraer exitosamente a los críticos de su gobierno-, y otras áreas del gobierno encontraron su razón de ser cuando el ácido -hoy bastante diluido, es cierto- Pergolini, en el afán de mofarse de su archirrival, cometió una falta a la corrección política cuando se refirió en términos irónicos a la participación de un bailarín no vidente. El INADI, tan dubitativo en el entrevero entre Peña y D´Elía, esta vez prometió actuar.
miércoles, 2 de abril de 2008
La tregua
Ahora que se ha llegado a una tregua quedan varias cosas sobre las que se podría hacer una evaluación provisoria en función de la posterior evolución de los acontecimientos.
Lo primero es reconocer la heterogeneidad del universo de productores rurales y la necesidad, al menos, de redefinir ciertos conceptos como el de oligarquía. Hoy la propiedad de la tierra se está desnacionalizando, como la de tantos otros bienes que tiene el país, como una de las consecuencias de la globalización.
Lo segundo es que la inflación local tiene causas propias y ajenas. Si el gasto público ha crecido, como se afirma, un 40% durante el año pasado, la única manera de que eso no se convierta en presión inflacionaria es que la recaudación siga siendo superavitaria. El gobierno, pese al triunfalismo de los índices, implícitamente reconoce que es necesario aumentar la presión tributaria, y en la volteada cayeron grandes y pequeños. Los primeros defienden su rentabilidad y los segundos su subsistencia. La diferencia es importante.
Entre las causas internacionales de la inflación está el crecimiento de los precios de dos tipos de materias primas: la energía y los alimentos. Parte del aumento del gasto público tiene que ver con la necesidad de subsidiar a los consumidores para que los precios locales no se disparen, pese a lo cual es evidente que los aumentos han llegado a nuestros bolsillos. Por ahora no se llegó a un punto en el que esta estrategia haya fracasado, pero el nivel de distorsión es creciente. Incluso se anuncian subsidios compensatorios a los pequeños productores, lo que puede calmar los ánimos en el corto plazo pero luego habrá que ver si esto se puede sostener.
Lo tercero, en cuanto a la aparente demostración de fuerzas de ayer, no es otra cosa que una costosa movilización del aparato partidario (manejado desde los municipios del conurbano), sindical y sus anexos (agrupaciones como la que conduce D´Elía). La diferencia con lo que sucedía en el peronismo histórico es que el porcentaje de los que se movilizan por convicción hoy es minoritario, lo cual marca un retroceso de la propia cultura política justicialista. Hoy los sindicatos no movilizan por una causa gremial como en los tiempos de Ubaldini (es cierto que el gobierno no era peronista), y esto lleva más de una vez al desborde de las bases, generalmente conducidas por la izquierda a pesar de sus múltiples fragmentaciones (pongo solamente dos ejemplos: el Hospital Francés y los subtes).
Esta presión de las bases también se aprecia en el heterogéneo movimiento rural, especialmente con situaciones como las de Gualeguaychú, donde la comunidad ha vivido muy movilizada los dos últimos años por la problemática ambiental. Allí se evidenció lo mucho que teme este gobierno la explosión de los conflictos, a pesar de las declamaciones en sentido contrario.
Veremos cómo sigue esto. Pero la tregua no deja de ser una noticia positiva.
Lo primero es reconocer la heterogeneidad del universo de productores rurales y la necesidad, al menos, de redefinir ciertos conceptos como el de oligarquía. Hoy la propiedad de la tierra se está desnacionalizando, como la de tantos otros bienes que tiene el país, como una de las consecuencias de la globalización.
Lo segundo es que la inflación local tiene causas propias y ajenas. Si el gasto público ha crecido, como se afirma, un 40% durante el año pasado, la única manera de que eso no se convierta en presión inflacionaria es que la recaudación siga siendo superavitaria. El gobierno, pese al triunfalismo de los índices, implícitamente reconoce que es necesario aumentar la presión tributaria, y en la volteada cayeron grandes y pequeños. Los primeros defienden su rentabilidad y los segundos su subsistencia. La diferencia es importante.
Entre las causas internacionales de la inflación está el crecimiento de los precios de dos tipos de materias primas: la energía y los alimentos. Parte del aumento del gasto público tiene que ver con la necesidad de subsidiar a los consumidores para que los precios locales no se disparen, pese a lo cual es evidente que los aumentos han llegado a nuestros bolsillos. Por ahora no se llegó a un punto en el que esta estrategia haya fracasado, pero el nivel de distorsión es creciente. Incluso se anuncian subsidios compensatorios a los pequeños productores, lo que puede calmar los ánimos en el corto plazo pero luego habrá que ver si esto se puede sostener.
Lo tercero, en cuanto a la aparente demostración de fuerzas de ayer, no es otra cosa que una costosa movilización del aparato partidario (manejado desde los municipios del conurbano), sindical y sus anexos (agrupaciones como la que conduce D´Elía). La diferencia con lo que sucedía en el peronismo histórico es que el porcentaje de los que se movilizan por convicción hoy es minoritario, lo cual marca un retroceso de la propia cultura política justicialista. Hoy los sindicatos no movilizan por una causa gremial como en los tiempos de Ubaldini (es cierto que el gobierno no era peronista), y esto lleva más de una vez al desborde de las bases, generalmente conducidas por la izquierda a pesar de sus múltiples fragmentaciones (pongo solamente dos ejemplos: el Hospital Francés y los subtes).
Esta presión de las bases también se aprecia en el heterogéneo movimiento rural, especialmente con situaciones como las de Gualeguaychú, donde la comunidad ha vivido muy movilizada los dos últimos años por la problemática ambiental. Allí se evidenció lo mucho que teme este gobierno la explosión de los conflictos, a pesar de las declamaciones en sentido contrario.
Veremos cómo sigue esto. Pero la tregua no deja de ser una noticia positiva.
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